La noche inesperada

—Hoy en esta isla, ha ocurrido un milagro— Le decía a mi diminuto árbol. —¡Por fin ha salido el sol! Después de unos cuantos días de frío y tempestad—. Le acaricio con cariño las pequeñas hojas verdes y me dirijo a la orilla de la playa y me siento en la arena. Mis pies juguetean en el agua cristalina y el sol calienta mi desnutrido cuerpo. Miro hacia el horizonte allá donde se ve que el mar se une con el cielo y pienso en quien soy, no recuerdo nada de mi vida y no se si tengo familia buscándome. No se que día es hoy ni el mes ni el año y tampoco se cuanto tiempo llevaré aquí. Estoy completamente perdida, solo recuerdo que me encontraba tirada en la arena empapada de agua y con frio y un dolor fuerte de cabeza. Desde entonces intento sobrevivir en esta isla. Me alimento de los peces, conchas y de los huevos de las tortugas. Intento mantener siempre la hoguera que con dos ramas secas y horas dedicadas consigo hacer fuego. Me refugio en una pequeña cueva que me calienta y me mantiene aislada de los fuertes vientos y lluvias cuando hay mal tiempo. Bebo del riachuelo de agua dulce y de los cocos. Mirando mi reflejo, escucho el sonido de una gaviota al pasar por encima de mí, levanto la mirada al cielo y estaba ella moviendo sus blancas alas al compás del viento. De pronto, noto algo que me mira a lo lejos y me froto los ojos porque no puede ser verdad lo que veo y me digo. —¿Eso es una persona?— Me levanto con prisas. Él se va acercando a mí y cada vez puedo verle más claro. ¡Es un un hombre joven!, su pelo moreno, piel blanca y ojos grandes que me miran sin pestañear. Extrañada por aquella persona que venía del agua me doy cuenta que algo debajo de él se mueve sin parar de un lado a otro. —¡Una cola de pez!— se acerca a la orilla y me brinda su mano. Yo estaba a cinco pasos de él, intenta decirme algo pero no lo consigue. Me acerco con mucha curiosidad y con miedo. Su mirada reflejaba paz y tranquilidad, le cojo la mano y la noto tan suave. Nos miramos de arriba hacia abajo, así un buen rato hasta que me suelta y me habla en una lengua que no entiendo. Yo le quería hablar pero no sabía que decirle. Fue tan rápido el movimiento brusco que hizo, que me impidió ver a donde se había ido y cuando pensaba marcharme le veo regresar con algo en su mano. Yo extiendo las mías y cojo lo que él me quiere dar. —Una piedra—. Le digo y le veo marcharse lentamente y mirando hacia atrás, sonriéndome. —¡Vuelve!— le grito y veo como se esconde a lo lejos entre las olas y desaparece. Me marcho a mi cueva con la piedra en la mano y veo que tiene forma de corazón y que en la oscuridad hace luz. Esta noche no podía dormir porque sabía que no estaba sola y aunque esa persona no fuera totalmente humana quería conocerla más. En la mañana siguiente lo busqué, lo esperé y no apareció. Ya en la noche a la luz de las estrellas y un mar tranquilo, sentada en la orilla aparece él, sonriendo y saludándome con la mano, se me acerca muy despacio hasta donde estaba sentada, le vi todo su cuerpo de humano y pez. —Si pudieras entenderme, hablarme, contarme cosas, responder preguntas—. Él me mira cuando le hablo pero no dice nada ni siquiera abre su boca. Me cogió de la mano y me tira hacia él y me da un beso. En ese momento supe que él estaba enamorado de mí y que yo estaba tan a gusto, tan acompañada que no dudaba en corresponderle aunque fuera extraño. Al día siguiente me pasé todo el día mirando la playa, buscando cualquier movimiento. En la tarde aparece y yo me acerco corriendo y me meto al agua. Mi cuerpo se une al suyo y él me abraza. Yo me dejo llevar y nuestros labios se unen. Más tarde él intenta decirme algo pero no lo consigue. Los días siguientes los pasamos juntos, casi todo el tiempo. Y sin darme cuenta nos vamos enamorando aunque me parezca extraño, creo que es un sueño…

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3 pensamientos en “La noche inesperada

  1. mika dice:

    Me gusta mucho,sigue asi y ya veras que tus sueños se haran realidad….

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  2. K.Marce dice:

    Gracias por unirte a mi blog, me he suscrito al tuyo. Espero que sea una grata experiencia y recuerda… nunca soltar la pluma. ¡Nos leemos!

    Le gusta a 1 persona

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