La Taconúa

 

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Escena número 20. Noviembre 2014. “De miedo”

—La taconúa es el cuento que os voy a contar esta noche —Decía mi abuela, sentada en su mecedora con su sonrisa misteriosa. Cada noche que se iba la luz en mi barrio una o dos horas, los niños vecinos venían a que mi abuela nos contara alguna de sus historias para pasar ese rato amargo de oscuridad. Ella encantada nos contaba esta vez sobre La taconúa. —En mi niñez, los niños de mi barrio nos reuníamos en una esquina de nuestra calle para jugar. Esa noche, uno nos propuso que jugáramos a la taconúa. Muchos sabíamos como era ese juego que nuestros abuelos tanto nos contaban y nos daba miedo. Pero nosotros si algo teníamos claro es que no temíamos nada. Para jugarlo hacía falta ir a donde haya una palmera y en el parque que está cerca de nuestra calle hay unas cuantas. Así que allí fuimos. La taconúa es una mujer alta y delgada con cara de enfadada que odia a los niños y les hace maldades si es llamada. Lleva unos zapatos con tacones muy alargados y siempre le suenan al caminar. Como no creíamos en eso, queríamos llamarla a ver si aparecía de verdad, como en las historias que contaban nuestras familias. Teníamos que dar saltos rodeando la palmera y cantando la canción de ella que dice así: “La taconúa, la taconúa que salga de su escondite que salga ya. Queremos verla, queremos que nos haga alguna maldad.” Y así la cantábamos una y otra vez riéndonos y dando fuertes golpes con los pies en el suelo como si lleváramos zapatos de tacón puestos. Nos cansamos de cantarla y ella no apareció así que ya era hora de volver a casa y algunos padres llamaban a sus hijos así que todos nos fuimos decepcionados de allí. Pero esa noche a todos los que quisieron llamarla les pasó algo extraño. Paulo despertó en la carretera de atrás de su casa. Asustados, sus padres no se explicaban como su hijo había pasado la noche allí y que ningun coche le atropellara. María había sido encontrada en el patio de su casa envuelta en tierra. A Raúl lo encontraron encima de un árbol. Lorena estaba medio desnuda durmiendo en la casita del perro y Clara estaba afuera de su casa llorando porque sus padres le habían regañado por pasar la noche en la calle, pensando que a esas horas de la mañana venía a casa y es que había pasado la noche dormida tirada en el suelo sin darse cuenta de nada. Y a mí me pasó algo fantástico. Aunque mis amigos no lo supieran, yo si que creía en ella y cuando me fui a la cama me quedé despierta aparentando que dormía profundamente. Ella apareció tal y como sabía que era, una mujer de mediana edad, alta y delgada con cara de amargada taconeando con sus zapatos escandalosos. Yo la vi esa noche en mi cuarto cuando todos dormían y ella no me miraba. Estaba asustada, no sabía que iba a hacer conmigo. Siento que ella se acerca a mi cama porque noto su aliento pegado en mi cara y no pude evitar mirarla. Abro los ojos y en ese momento ella pega un grito ahogado que me asusta y me hace llorar. Con un movimiento rápido se me acerca y de su boca sale otro grito y me asustó más. Me coje de los pies y yo chillo como nunca y me arrastra, yo intento sujetarme de lo primero que veo, mis sabanas, pero es en vano. Me atrae hacia ella con sus largos brazos y empieza a cantar. —La taconúa, la taconúa te va a hacer daño porque no le gusta los niños malos y te arrepentirás de haberme llamado —.El miedo se apoderó de mí y me hice pis. Con suerte el sol estaba saliendo y ella lo nota, y me dice. —Has tenido suerte niña, te has librado de mí por esta noche. Pero cuando menos te lo esperes volveré a molestarte. Me suelta y se va taconeando y salta por la ventana. Me asomo rápido y ya no puede ver a donde se había ido. Esa mañana no podía creer lo que había pasado. La historia era verdadera y mis amigos y yo lo habíamos vivido. Jamás volvimos a jugar a ese juego y yo aún la sigo esperando cada noche a que venga a molestarme a mi cuarto. Mi abuela sonríe pero con miedo… y yo con ganas de llamarla.

 

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2 pensamientos en “La Taconúa

  1. Cain Terradez dice:

    Mucha suerte en tu proyecto como escritora. Ojalá se cumplan tus deseos y ambiciones y nunca pierdas la ilusión en seguir construyendo está labor tan bonita que haces. No estás sola en ésto. Tienes un gran pilar de apoyo 😉

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  2. Ana dice:

    ¡Hola, compi literauta! Venía a decirte que aún no había leído tu relato en el libro y acabo de hacerlo. Me ha gustado mucho cómo lo cuentas en boca de la abuela y debo decir que la parte en la que la taconúa se acerca a la cama me ha llegado a angustiar. ¡Bien hecho!

    Un saludo y muchas felicidades por ser parte de la recopilación.

    Le gusta a 1 persona

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