Celeste

Taller número 28 Escena “El sobre”

Ésta mañana despierto en mi cama con un fuerte dolor en el pecho. He tenido un sueño muy confuso pero siento que fue muy real y me hacía sufrir y no solo a mí, también a mi familia. Me levanto de la cama preguntándome, por qué me duele todo el cuerpo. Noto mi ropa sucia y desgarrada. Todo a mi alrededor está desordenado y nunca suelo dejar mi habitación así. No percibo ningún ruido ni voces en toda la casa. Siempre en la mañana al levantarme escucho a mi madre hacer alboroto con los trastos de la cocina y a mi padre viendo las noticias en la televisión. Caigo a la cama, porque de repente tengo un mareo y veo borroso. «¿Pero qué pasa?»—. Intento volver a levantarme para poder ir al cuarto de baño. Cuando me miro al espejo. «Oh, dios mío. ¡Mi pelo está quemado!»—. Me asusto tanto de mí, que casi tropiezo cuando doy un paso atrás y mis pies tocan bruscamente el cesto de la ropa sucia.

Huelo a suciedad, a tierra, aceite de coche, gasolina, a sangre. Eso último me estremece y empiezo a temblar de miedo.
Comienzo a desnudarme y tiro la ropa al suelo. Observo que llevo un zapato puesto y otro perdido a saber donde. Empiezo a palparme todo el cuerpo porque mirarme da miedo. Cuando siento dolor por todas las articulaciones de mis músculos y limpio de mi boca la sangre seca. Decido prepararme lentamente una ducha, deseando dejarme llevar por los pensamientos escasos. Sé que algo malo me ha pasado, algo que no puedo recordar ahora.

Fuertemente froto todo mi cuerpo, hasta querer borrar cualquier suciedad que haya en mí pero sigo oliendo a sangre y no me está gustando nada. Voy a mi armario y noto que falta ropa, así que me pongo lo primero que veo, un vestido veraniego. Cuando voy bajando las escaleras sigo notando ese silencio misterioso.

Era muy temprano en la mañana y pensé que mi madre pudiera estar en la cocina al igual, mi padre. Así que allí fui primero pero no los vi, no había ningún rastro de ellos. Entonces algo llamó mi atención y sé que mi madre jamás se olvidaría de recoger antes de irse de casa, las cartas de debajo la puerta. Donde el cartero siempre las deja a buena mañana. Me acerco a ellas y veo una donde el remitente está escrito mi nombre. La abro y el sobre está vacío, qué extraño. «¿Donde puede estar la carta? ¡No la veo por ningún sitio!» Angustiada empecé a llamarles. Al no contestar como mamá o papá les llamé por su nombre.

—Paula, José. «Tampoco contestan»—. Corrí a su habitación, la cama está a medio hacer. Como si no hubiesen llegado a dormir en ella. Todo está raro, confuso. Ya empezaba a impacientarme y temer lo peor. Cojo el teléfono de la mesita de al lado la cama y llamo a mi madre primero, suponiendo cuando vea que es el número de la casa, lo coja enseguida. Da un par de timbrazos y se cuelga. «No lo ha cogido. ¿Por qué?»—. Llamo a mi padre y de repente sale su voz.

—Hola —Escucho.

—Papá, papá ¿Qué está pasando, por qué no estáis en casa? Mamá no coge el teléfono. —Él continúa hablando.

—Hola, conteste.

—Papá, soy yo, Celeste. —Se cuelga el teléfono.

«Oh, dios. ¿Qué está pasando? No entiendo nada»—. Sé que mis padres nunca se irían de casa dejándome sola, sin tan siquiera dejarme alguna nota. ¡Estoy tan preocupada! Voy a la cocina y decido que debo esperarles aquí. Mientras tanto, intento pensar en la noche pasada. Pero mi mente está en blanco, apenas puedo recordar. «¿Qué habré hecho los días anteriores? ¿Qué puede haber sucedido para encontrarme en estas pésimas condiciones?» Una puerta se abre y escucho voces. «¡Son ellos, mis padres!» —sonrio.

—¿Qué os pasa a los dos? Me habéis dejado aquí sola, tan de buena mañana.

Ellos no me hablan, ni siquiera se giran para mirarme, creo que no me escuchan. Como si en éste momento no existiera para mis padres. Cuando voy a tocarles pasa algo extraño. Mis manos no les toca, ni siquiera les roza y se hunde en sus cuerpos y ellos apenas se inmutan. Me derrumbo al suelo y empiezo a llorar desconsoladamente. Ahí están ellos, también llorando por mí y yo empezaba a recordar lo que había olvidado la noche anterior.

Continuará…


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