Sangre y Tinta

Sangre

Escena # 33 Marzo 2016   “En el ascensor”

Salí de casa con precaución, cargaba conmigo el diccionario que le había robado a mi hermana después de haberle jurado que no lo tocaría nunca. «Era preciso que me lo llevara». Pensaba a medida que avanzaba por las calles. En realidad aquel libro no era un diccionario, aunque la portada así lo pusiera. Era un camuflaje para que ningún intruso lo quisiera leer. Dentro tenía un sin fin de historias muy alarmantes. Mi hermana un día me descubrió leyéndolo, se enfadó mucho y me hizo jurar que no contaría lo que leí y mucho menos hablar del libro con nadie. Se lo prometí y aun así incumplí ese juramento. Además de eso, iba a publicarlo. Supe que lo que hice se le podría llamar traición. «Cuando mi hermana descubra que no está en su escondite, seguro no me lo perdonará nunca». Iba pensado con inquietud. Pero,  estaba dispuesta a correr el riesgo de lo que pudiera suceder entre nosotras.

Años atrás, conocí a una prestigiosa editorial y estaba segura de que les gustaría. Por fin, pude divisar a unos cien pasos el alto rascacielos. La oficina se encontraba en el duodécimo piso. Llegué y entré tan apresurada al ascensor que al principio no me percaté en las demás personas que iban muy apretujadas. El ascensor paraba en varios pisos donde salía y entraba gente. Aquel tiempo de espera para mí fue eterno. Mis brazos apretaban con fuerza el libro contra mi pecho. Yo estaba tan distraída en mis pensamientos que no reconocí a la persona que se había puesto detrás de mí. En el momento que escuché su voz y la reconocí, me sobresalté y volteé. Me quedé helada y temí lo peor entre éstas cuatro paredes tan comprimidas. Ella apretó el botón y el ascensor se detuvo.

—¿Creías que ibas a conseguir lo que te proponías hermana? —Muda por el miedo no supe que decirle, no sabía como huir de su presencia —. Fui una estúpida al pensar que podía confiar en tu palabra, tonta e ingenua que soy. Siempre me has tenido envidia en todo lo que hacía. Sabias que podía escribir historias con mucha facilidad, cosa que tú no puedes hacer y no dudaste ni un segundo en robarme lo que me pertenece y vienes aquí a publicarlo. Como si fuera tuyo, ¡te odio!

—Me da igual lo que digas, quiero que estas historias se conozcan en el mundo entero. Que sepan que no solo son cuentos para entretener. Son hechos que ocurrirán en un futuro y todos tenemos el derecho de saber lo que pasará dentro de unos años.

Intenté apretar el botón para que continué pero ella me empujó tan fuerte que se me cayó el libro de las manos y mis piernas se desequilibraron e hicieron que perdiera la estabilidad. Me di tan fuerte en la cabeza, astillando con el golpe el cristal, que terminé derrumbada en el suelo perdiendo el conocimiento. Cuando recobré el sentido ella y el libro ya habían desaparecido. Conmigo quedaron unas cuantas personas preguntándose si llamar a una ambulancia o esperar a que se me pasara el mareo y llevarme a algún sitio que yo les pida. «Había fallado y no me lo perdonaría nunca». Pensaba.

Los cristales estaban esparcidos por el suelo y manchados de sangre. Me levanté como pude, iba tocándome el bulto que me había causado el golpe y me dolía. Fui tambaleándome por la estancia e ignorando las voces de los que me querían ayudar. Volvería a llevarme el libro cueste lo que cueste.

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2 pensamientos en “Sangre y Tinta

  1. Hola, te he nominado al premio Bloguer@ con Buen Rollo. https://milcuentosdeamor.wordpress.com/

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