Noche Maldita

Noche

Taller #35 escena de mayo

Llevábamos un par de días en un pueblo bastante curioso. Recuerdo que hace una semana mi marido Natt lo había descubierto en una revista de viajes que ojeaba miestras esperaba a que saliera de una tienda.

¡Ya tenemos donde ir de vacaciones! —dijo apenas salí del establecimiento.

Un pueblecito recóndito, es estupendo, cariño —dije entusiasmada.

Nos alojamos en el único hotel con estilo gótico y muy anticuado . Al día siguiente disfrutamos de un paseo. El pueblo en la revista ya tenía su aire siniestro pero viéndolo en persona resultaba más sombrío. Parecía sacado de una película de miedo. Le rodeaba unas montañas polvorientas. Los techos de las casas eran puntiagudos, con unas ventanas opacas. Las calles tétricas; sus aceras grises y farolas desgastadas en cada esquina. Un tren de los antiguos pintado de negro maquinaba por una de las principales calles para hacer un recorrido por el casco antiguo. Iba a una velocidad potente y teníamos que sujetarnos con fuerza de los barrotes oxidados. Paró cerca de un museo con una gárgola gigantesca de color blanco. Algo extraño para un pueblo donde predominaban los colores oscuros. Todo estaba en silencio, apenas unos pocos coches se veían en movimiento y las personas del pueblo parecía que se habían esfumado. Solo los turistas vagaban por las calles. Al pueblo lo cruzaba un río de aguas turbias. A su alrededor más casas amontonadas, todas similares a las anteriores. Al atardecer las nubes cogían un color rosa intenso, aquel paisaje era sobrenatural. Pasamos dos días en un ambiente tranquilo, hasta que todo cambio de repente.

Estábamos en la habitación, cuando se escucharon gritos procedentes del exterior. Nos asomamos con cautela por la ventana acristalada. Cuando vimos correr a unos cuantos turistas con sus ropas manchadas de sangre y pidiendo socorro. Nos miramos atónitos un par de segundos. No supimos que hacer ni que pensar. Tocaron con brusquedad la puerta y un chillido de pánico salió de nuestras bocas. Natt me susurro que callara y con precaución miró  por la mirilla de la puerta, era una empleada del hotel. Natt respiró hondo, guiñando un ojo y abrió la puerta. Aquella señora no tenía la expresión asustada. Tan pasiva y amable nos habló.

Buenas tardes, les comunico que tenéis que marcharos del hotel de inmediato. Por problemas propios cerrará.

¿Por qué? No pueden hacernos esto, hemos pagado por estar aquí una semana. —le dije furiosa.

Se les devolverá el dinero. —Manifestó sin cambiar de expresión.

¿Qué sucede afuera, por qué esas personas corren por las calles pidiendo socorro? —Le preguntó Natt.

Por favor, recoged vuestras cosas y salid de aquí. —Dio media vuelta y se marchó.

Era increíble lo que habíamos escuchado. No podíamos creer que teníamos que irnos, sin una explicación más lógica. Decepcionados, volvimos a llenar las maletas. Fuimos a la oficina donde un señor elegante y educado nos devolvió el dinero. Ignoró las protestas de Natt y sin darnos ninguna explicación nos incitó a marchar. Quisimos regresar para hacer una reclamación cuando nos detuvieron unas voces. Nos escondimos detrás de un mueble para poder escuchar toda la conversación.

¿Están todos en la calle? —Escuchamos.

¡Sí! —dijo una voz de mujer.

Salgamos a divertirnos, esta noche será inolvidable. ¡Tenemos sed de sangre! —A carcajadas reía la voz que reconocimos como el señor elegante.

Apresurados salimos a la calle notando una atmósfera de misterio. Nos aterró el griterío que se oía por todas partes sin percibir a nadie. Había anochecido y la luna brillaba en todo su esplendor. Subimos al coche y una piedra procedente de alguna parte astilló una ventana. De pronto, una multitud de turistas ensangrentados por alguna herida profunda, corrían y chillaban presa de puro pánico.

Una mujer con aspecto atroz se acercó al coche. Puso sus manos en el cristal roto sin sorprenderle que le cortara la carne de sus esqueléticos dedos.

¡Corred, eso nos gusta! Hoy la noche está de nuestra parte. —nos dijo con mirada depravada.

Nett quiso arrancar el coche pero por alguna razón no funcionaba y no teníamos tiempo de solucionar el problema. Tuvimos que salir huyendo junto con los demás. Mientras que otras endemoniadas personas venían detrás nuestro, queriéndonos matar bajo una luna llena.

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